Tema 1  Liderazgo Educativo

Las organizaciones formadas por un número relativamente alto de personas necesitan diferenciar roles, competencias y habilidades de sus miembros para desarrollar eficazmente la tarea individual y contribuir al cumplimento de las metas institucionales. Asegurar una dirección escolar eficiente, en medio de las actuales circunstancias y cambios es, pues, un reto.

Entre los factores escolares que repercuten en el desempeño académico de los estudiantes, la gestión y, en particular, la capacidad de liderazgo del rector, aparece como uno de los aspectos institucionales que apoyan y soportan la labor pedagógica. El ejercicio de un liderazgo visible y dinámico es una constante en los indicadores de los buenos colegios. Es difícil encontrar un centro educativo que funcione bien sin una buena dirección.

Los directivos docentes, rectores y coordinadores se diferencian en su papel de los que cumplen tareas de enseñanza y de los que desempeñan actividades auxiliares o de orientación a estudiantes. Quienes conducen la institución requieren desarrollar capacidades, conocimientos y habilidades específicas.

El liderazgo comienza al surgir una visión: cuando un grupo se encuentra bajo la dirección de una persona que no posee visión, aparecerá la confusión y el desorden. Sin una visión estratégica, un individuo no puede convertirse en un dirigente, debe tener la imagen clara de lo que espera que realice o llegue a ser su grupo. Cuando se trabaja con una visión se ven por adelantado los resultados; en este punto resulta destacable la capacidad que tenga el director de involucrar a su personal en la elaboración conjunta del proyecto educativo institucional, ya que éste constituye la herramienta principal en la que se clarifican los objetivos principales de la escuela, y su importancia reside en que se elabore de tal manera que llegue a ser el documento que recopile los compromisos comunes del directivo y del profesorado; es así el parámetro principal del lugar a donde se espera llegar.

El líder debe ser un comunicador por excelencia; será él quien transmitirá la visión a sus compañeros y los estimulará para que venzan las dificultades. Por esta razón, deben dominar las técnicas de comunicación verbal y escrita, así como utilizar variadas formas de expresión. La habilidad que se precisa para comunicarse de manera efectiva, por medio de la palabra y la escritura, es sin duda uno de los rasgos más valiosos de un dirigente, ya que es la comunicación el medio para unir y dirigir al grupo.

Es importante que el líder sepa reconocer las grandes oportunidades que en un comienzo existen con la apariencia de problemas insuperables, aunque para esto se requiere cierta disciplina y un carácter especial para no desesperarse, para tratar las torpezas de manera productiva, aprender de los errores a fin de obtener los beneficios esperados.

Otro de los aspectos que hacen identificable a un líder es el entusiasmo; las personas siguen a un dirigente entusiasta. La energía es tanto el esfuerzo vigoroso del poder como la capacidad de actuar o ser activo. El dirigente muestra su energía por medio de la entrega y la persistencia. Éstas requieren energía física, intelectual y emocional para creer y esforzarse en el cumplimiento de una meta en contra de todos los obstáculos.

1. Objetivos

Formar profesionales altamente capacitados para organizar, dirigir, gerenciar e innovar instituciones educativas de nivel básico, medio y/o superior con amplio sentido ético y social. Entre sus objetivos tenemos:

  • Reflexionar sobre el rol del director como líder y agente de cambio de la educación, partiendo de una visión antropológica, ética y social en el cumplimiento de sus funciones.
  • Desarrollar habilidades humanas, conceptuales, técnicas y políticas propias de un gestor educativo potenciando la capacidad de planificación y el desarrollo de procesos educativos con énfasis en modelos de gestión estratégica y organizacional.
  • Aplicar nuevos enfoques y procedimientos para el desarrollo de los distintos procesos en los niveles y campos de la organización.
  • Identificar las funciones del gerente educativo y su responsabilidad social y cultural desde los distiontos campos de acción.
  • Potenciar la capacidad del gerente educativo para investigar y analizar críticamente la situación fenomenológica

Del liderazgo en educación

niñaCuando se habla de liderazgo, en general, y de liderazgo en educación, en particular, suelen presentarse algunas confusiones y también interpretaciones interesadas, por así decirlo, pues su polisemia, en general tiene relación con la forma como se asume el liderazgo en los distintos niveles, espacios y grupos de referencia, en el campo educativo.

Conceptualmente el liderazgo también es el arte de influir a la gente para que trabaje con entusiasmo, palabra griega que significa “con Dios por Dentro”. Tiene que ver con las ganas de vivir; con la pasión, la fuerza, la emoción en la consecución del bien común. Fundamental para que nos entendamos: Tres conceptos claves: Poder, Autoridad, Liderazgo. Es preciso que tengamos conceptos claros y que esto sea trasladado a nuestras vidas, sino no tiene mayor sentido.

El líder es el jefe o dirigente de un grupo y la función que ejerce se denomina liderazgo. Este se refiere por lo general al ejercicio de una autoridad que ha sido aceptada por el grupo, y se supone que el líder de alguna manera es reconocido, por sus capacidades, por su autoridad, o porque así lo determina la convención del grupo. 

Desde luego que el líder debe tener, o representar, un conjunto de capacidades reconocidas por los integrantes del grupo de referencia. En la medida que el líder despliega sus competencias, acorde a las expectativas del grupo y el grado de reconocimiento por parte de sus integrantes. 

En educación el ejercicio del liderazgo guarda una estrecha relación con su aceptación por parte de los integrantes de un grupo. Si bien la figura de autoridad del profesor, en el caso más común, puede sustituir (y de hecho sustituye) al liderazgo aceptado, no resulta a la postre suficiente como para que se pueda prescindir de la capacidad, de la aceptación, y un grado de convencimiento por parte del grupo, de que el líder está ejerciendo una autoridad legítima y correspondiente con la función que el propio grupo le ha designado.

El liderazgo democrático como necesidad grupal

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Por liderazgo se entiende también la función esperada que dentro de un grupo realiza un líder. Esa función, si el grupo ha decidido de manera corresponsable, no se deja al azar. Se acepta, desde luego, que al ejercer el líder su autoridad se establece, de alguna manera y en algún grado, una relación desigual. Pero esa relación, en el caso del liderazgo como función designada por el grupo, es decir, democrática (a diferencia del ejercicio vertical de autoridad, como en una dictadura) es aceptada en sus asimetrías, como algo necesario al funcionamiento interno del grupo que requiere de un líder, es decir de la conducción de una persona cuya mayor calificación, capacidad o experiencia, son aceptadas por los integrantes del grupo. requiere de un líder, es decir de la conducción de una persona cuya mayor calificación, capacidad o experiencia, son aceptadas por los integrantes del grupo.

En este orden de ideas, el liderazgo democrático, sobre la base de la corresponsabilidad en su designación, ejercicio y delegación, responde a una necesidad del grupo. Pero hay diferentes tipos de liderazgo. Está el liderazgo autoritario; el liderazgo del dejar hacer y pasar, y el liderazgo democrático. En este último, como se ha adelantado, se parte del supuesto de que el líder, para ejercer su liderazgo, considera puntualmente los intereses, las opiniones y, en síntesis, el rango de autoridad del grupo, autoridad de la que el líder pasa a operar como representante. 

Visto así, el líder se convierte en un servidor y quizás ésta sea la connotación más claramente democrática del probable ejercicio de liderazgo, en atención al interés general y por encima del particular interés que podría tener el líder, como ser particular, o el grupo promotor del liderazgo que recae en un líder en particular.

Pues cualquiera que sea el caso, el líder tendrá que actuar de acuerdo a ciertas directrices que han sido establecidas por el grupo en su conjunto. Aquí estamos hablando de liderazgo democrático, donde en función de su representación, o actuando en función de su representación, el líder tiene como una obligación implícita el interpretar, por una parte; orientar y conducir, por otra y, en todo caso, concretar las aspiraciones del grupo que representa. 

En el peor de los casos, la voluntad del líder, en la práctica, viene a sustituir a la voluntad del colectivo que representa. Sin embargo, se trata de una desviación bastante común en nuestro medio. Cuando hablamos de liderazgo educativo, esa sustitución puede aparecer como un tanto natural, al grado de que no es discutida y menos en los términos que pueden darse en el entorno social más amplio, como sería particularmente en el terreno de la política. 

Esto sucede porque en educación, dada la naturaleza de las relaciones que se establecen entre docentes y discentes, el liderazgo del profesor, el que mayor impacto puede tener en un grupo escolar, aparece como necesario cuando no como condición, inclusive, para que el proceso de enseñanza aprendizaje pueda ser concretado. 

En los grupos escolares, desde luego, también se hacen presentes otros liderazgos de aquellos integrantes alumnos de mayor capacidad, habilidad para relacionarse, o mayor ascendencia por razones relacionadas con algún estatuto de poder. Pero tales liderazgos difícilmente pueden equipararse al que ejercen, aún en nuestro medio, los profesores.